El Rey de la Carretera

[Intro hablado]
[Voz 1]
Míralo, compadre,
camisa de lino, zapatos sin suela.

[Voz 2]
Dicen que fue dueño de media costa.

[Voz 1]
Sí, pero en su casa siempre mandó Carmela.

[Ambos]
¡Dale, maestro!

[Verso 1]
Nací detrás del mercado,
entre pregones y goteras;
mi madre remendó mis sueños,
mi padre perdió la cuenta.

A los dieciséis hice encargos
de esos que no dan factura;
volví con botas brillantes
y el alma llena de dudas.

A los veinte, Don Mateo,
mi nombre abría las puertas;
tenía tres teléfonos nuevos
y ni una llamada sincera.

Camisa blanca, anillo de oro,
reloj alumbrando la acera;
yo era el gallo de aquel barrio,
con el corral por hipoteca.

[Pre-Estribillo]
[Voz 1]
Y mírame,
subiendo como la espuma.

[Voz 2]
Sin saber que la fortuna
también se baja del tren.

[Ambos]
Y mírame,
presumiendo de valiente,
con el miedo entre los dientes
y sin poderlo esconder.

[Estribillo]
Porque fui rey de la carretera,
corona de humo, vida prestada;
cien compañeros cuando hubo botellas,
ni uno conmigo cuando hubo sirenas.

Pero Carmela, la cantinera,
me dio la vuelta como una moneda;
yo traficaba con la noche entera
y ella robó mi corazón
sin cruzar la frontera.

[Coros]
Ay, ay, ay, qué vida traicionera.
Ay, ay, ay, bendita cantinera.
Ay, ay, ay, me quiso sin cartera.
¡Carmela, Carmela, Carmela!

[Instrumental: guitarra flamenca, palmas y cajón]

[Ad-libs]
¡Olé!
¡Ay, Carmela!

[Verso 2]
La conocí un viernes negro
bailando sobre una mesa,
con dos claveles por labios
y un huracán en las piernas.

Yo le ofrecí mis diamantes,
mi coche y la luna entera;
me dijo: Guarda la luna,
que aquí se paga la cena.

Para la calle, Don Mateo;
para ella, el flaco idiota.
Yo daba órdenes a gritos,
ella me hacía lavar copas.

Tenía escoltas en la puerta,
enemigos en la agenda;
pero al rozarme su falda
me temblaban las rodillas.

[Voz 2]
¡Valiente patrón!

[Voz 1]
¡No te rías!
Le juré comprar estrellas.

[Carmela]
Compra primero una cama,
que nunca duermes en ella.

[Pre-Estribillo]
Y mírala,
sirviendo ron en la barra,
como si ninguna bala
se atreviera a entrar allí.

Y mírame,
con mis pecados de fiesta,
descubriendo que esa puerta
era la salida de mí.

[Estribillo]
Porque fui rey de la carretera,
corona de humo, vida prestada;
cien compañeros cuando hubo botellas,
ni uno conmigo cuando hubo sirenas.

Pero Carmela, la cantinera,
me dio la vuelta como una moneda;
yo traficaba con la noche entera
y ella robó mi corazón
sin cruzar la frontera.

[Verso 3]
Un jueves ladraron los perros,
la calle cerró sus persianas;
el socio que llamé hermano
vendió mi nombre por plata.

Corrí con plomo en la sombra,
sin reino, reloj ni chaqueta;
llegué sangrando a su puerta
con toda mi gloria deshecha.

Carmela no hizo preguntas,
limpió mi miedo y mis penas;
después, mirándome fijo,
pronunció aquella sentencia.

[Carmela]
Puedes casarte conmigo
o con la muerte que esperas.

[Voz 1 hablado]
Y yo, que nunca fui tonto.

[Voz 2 hablado]
Bueno, tampoco exageres.

[Puente: medio tiempo]
Llegaron de madrugada
con sus sirenas azules;
mi imperio cabía completo
dentro de un par de baúles.

Siete diciembres conté
mirando un muro de piedra;
los grandes amigos, ninguno,
Carmela, todos los viernes.

Me trajo café y noticias,
me trajo paciencia y fuerza;
aprendí que el hombre más rico
es aquel que alguien espera.

[Build-up]
Y cuando se abrió aquella puerta
no quise corona ni guerra;
solo sus ojos cansados
y un amanecer sin deudas.

[Instrumental: gu

itarra melódica y trompeta nocturna]

[Coros suaves]
Sin corona, sin pistola,
pero con amor de sobra.

[Verso 4]
Hoy tengo un bar junto al puerto,
cuatro mesas y una higuera;
en el letrero se lee:
Aquí termina la frontera.

Yo sirvo ron a los viejos,
Carmela controla la cuenta;
si intento hacerme el patrón,
me pone a barrer la acera.

Cuando algún muchacho pregunta
si fui aquel rey de leyenda,
levanto el palo de escoba:
Este es mi cetro, excelencia.

No llevo oro en el cuello
ni diez motores afuera;
pero al cerrar por la noche,
mi amor me espera despierta.

Y si regresa un fantasma
de aquella vida altanera,
Carmela sube la música
y se le baila en la jeta.

[Estribillo final: explosivo]
Porque fui rey de la carretera,
corona de humo, vida prestada;
cien compañeros cuando hubo botellas,
ni uno conmigo cuando hubo sirenas.

Pero Carmela, la cantinera,
me dio la vuelta como una moneda;
yo traficaba con la noche entera
y ella robó mi corazón
sin cruzar la frontera.

Ahora soy rey de la barra entera,
corona de espuma, camisa sincera;
cuatro borrachos, dos guitarras
y mi Carmela cuidando la caja.

Ya no negocio con la noche negra,
sirvo la última y cierro la puerta;
perdí un imperio, gané una vida.

[Voz 2]
¡Vaya negocio!

[Voz 1]
¡Y sin factura!

[Coro final]
Ay, ay, ay, qué vida traicionera.
Ay, ay, ay, bendita cantinera.
Ay, ay, ay, me quiso sin cartera.
¡Carmela, Carmela, Carmela!

Ay, ay, ay, se fue la balacera.
Ay, ay, ay, quedó la vida entera.
Ay, ay, ay, guitarra callejera.
¡Carmela, Carmela, Carmela!

[Outro hablado]

[Voz 2]
¿Entonces de verdad fuiste rey?

[Voz 1]
Rey, patrón y dueño del camino.

[Carmela desde el fondo]
¡Mateo, saca la basura!

[Voz 1]
Ya voy, mi reina.

[Risas]

[Coros lejanos]
Ay, Carmela,
la verdadera jefa.


Рецензии