Memoria de la Sal
Yo no vine a pedirte consuelo,
vine a nombrar la grieta del suelo;
traigo la sal donde duerme el mar,
y un reloj que aprendi; a sangrar.
[Verso 1]
Te vi romper la tarde en dos mitades,
con una voz de piedra y claridad;
dejaste en la cocina tus edades,
como un cuchillo limpio de verdad.
Yo recog; tu sombra del port;n,
la puse a secar sobre mi espalda;
cada latido fue una contrici;n,
cada silencio, una moneda rara.
No era amor: era una arquitectura
de vigas torcidas por la sed;
tu ausencia puso precio a la cintura
y alz; en mi pecho un patio de pared.
Ahora camino con la misma bruma
que deja el faro cuando va a morir;
t; me ense;aste a negociar la espuma
sin vender la resaca por venir.
[Estribillo]
Dame la herida que a;n recuerda,
dame la cuerda, dame la espera;
si tu nombre quema, que me gobierna,
yo lo sostengo hasta que se quiebra.
Dame la herida que a;n recuerda,
dame la cuerda, dame la espera;
si tu nombre quema, que me gobierna,
yo lo sostengo hasta que se quiebra.
[Verso 2]
No fue tu boca, fue la obediencia
de no mentirme cuando vi caer;
hay una forma de perder presencia
sin que se note en el amanecer.
Te fuiste al centro de otra geometr;a,
dejaste el pan, la llave y el mantel;
yo me qued; soldando la armon;a
con alambre oscuro, sangre y laurel.
La casa habla en un idioma exacto,
nombra tus pasos sobre el corredor;
cada azulejo conserva el impacto,
cada espejo conserva el temblor.
Y yo, que fui m;s tumba que testigo,
aprend; del polvo su lecci;n:
lo que no arde regresa consigo,
lo que se nombra cambia de dolor.
[Estribillo]
Dame la herida que a;n recuerda,
dame la cuerda, dame la espera;
si tu nombre quema, que me gobierna,
yo lo sostengo hasta que se quiebra.
Dame la herida que a;n recuerda,
dame la cuerda, dame la espera;
si tu nombre quema, que me gobierna,
yo lo sostengo hasta que se quiebra.
[Verso 3]
Hoy no te busco: vengo de otro modo,
con la frente lavada por la edad;
he desatado lo que ataba todo,
y hasta mi rabia cambi; de ciudad.
Si vuelves, vuelve con las manos claras,
sin esa costra de vencer y huir;
yo ya no cambio mis cenizas raras
por la promesa de volver a abrir.
Mira mi sangre: ya no se arrodilla,
aprendi; a hablar sin pedir perd;n;
la noche sabe que mi voz se afila
cuando la empuja contra el pared;n.
Y aunque mi pecho siga siendo hondo,
ya no le debo templo al desamor:
si fui tu naufragio, tambi;n fui el fondo,
la sal del tiempo, la luz del motor.
[Estribillo]
Dame la herida que a;n recuerda,
dame la cuerda, dame la espera;
si tu nombre quema, que me gobierna,
yo lo sostengo hasta que se quiebra.
Dame la herida que a;n recuerda,
dame la cuerda, dame la espera;
si tu nombre quema, que me gobierna,
yo lo sostengo hasta que se quiebra.
[Parte Final]
Y si me toca cerrar esta puerta,
que sea con comp;s y sin rencor;
porque la pena, cuando est; despierta,
tambi;n se vuelve tierra y resplandor.
Yo ya no cedo mi voz al abismo;
la dejo arder, precisa, en su lugar;
que cada ruina me devuelva a m; mismo,
fuerte como la roca, libre como el mar.
[Autor]:
«© Badali;n Armen Lern;kovich (Adam)».
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